Ingresos atribuidos a la visita que los ganó, y no a la página en la que ocurrió el pago. La campaña que trajo a alguien se lleva el mérito de lo que gastó dos páginas después, que es la única versión del número sobre la que merece la pena actuar.
La divisa se estampa cuando ocurre la venta y no se convierte nunca. Una venta en euros se informa en euros al lado de una venta en dólares en dólares. No hay ningún tipo de cambio entre tú y tus propias cifras, y ningún total cambia en silencio porque se moviera una cotización.
Mapas de calor y grabaciones en las páginas que venden. Las páginas de producto y los carritos son donde se escapa el dinero, y un embudo te dice qué paso pierde gente sin decirte qué pasó allí. Los dos salen de la misma bolsa que la analítica y no de una segunda suscripción.
Un widget de opiniones donde está la duda. Una pregunta en la página de producto: eso que una tienda casi nunca hace, porque preguntar siempre ha significado comprar una herramienta de encuestas.
Clics salientes, descargas y 404 contados sin pedirlo. Un enlace roto en una campaña de correo aparece como una página, no como un misterio.